Cuando te vi – Parte I

Su llegada

Recuerdo aquel día, el más esperado en los últimos tres meses, se me han pasado rápido por la ansiedad de compartir de nuevo con él. Si tristemente soy de aquellas personas super románticas, sensibles y cariñosas. Me levante a las 5:30 a.m. para arreglarme con calma e ir a buscar a mi novio al aeropuerto de Madrid. Siempre que me “arreglo” lo suficiente tardo al menos dos horas, pero está vez, era más especial lo que iba a hacer. Por lo que, contemple que necesitaba por lo menos unas tres horas, considerando coordinar con los caseros y efectuar el pago de la renta adelantado, ya que estaría fuera a inicios de mes. Vivía en un pequeño cuarto con baño en Madrid, que le pertenece a un chalet, me encanta mi pequeño cuarto, tiene todo lo que necesito; para ser honesta, jamás he vivido con lujos excesivos. Provengo de una familia de clase trabajadora en Panamá, puedo añadir que nunca me ha faltado nada, pero no somos de un estrato social alto. Bajé corriendo cuando leí el mensaje en mi móvil, que estaban abajo para cobrarme

  • Hola Ashley, ¿te vas de puente?
  • Sii, ya casi voy saliendo, en unos minutos
  • Qué bueno disfruta, que eres joven y sin hijos. Que tengas buenas vacaciones
  • Jajaja gracias, igual

Subí rápido las escaleras, para entrar a mi habitación, tomar la basura arrojarla al bote de abajo y cerrar el cuarto con llave e irme con mis maletas, cuando me entro el extraño hormigueo en el estómago. Sentía ansiedad, el clásico sentimiento que se apoderaba de mí siempre, en todo momento, al trabajar, al salir, al viajar, al estudiar y era precisamente lo que hacía en Madrid, estudiaba. Asistía de lunes a jueves a la Universidad Politécnica de Madrid, a cursar el Máster de mis sueños y hacer cumplir una de mis metas más esperadas de la vida, vivir en el extranjero, sin mi familia, valiéndome de mis capacidades y juicio, con el fin de crecer como persona y profesional.

Tengo la habilidad de perderme en los lugares más fáciles de ubicar, los mejores señalados, incluso para poner humor sobre mi situación, indico “me pierdo hasta en mi casa”, y ciertamente para los que me conocen lo suficiente, saben que en Panamá no me muevo sin consultar la ruta por “waze”. Para variar, había olvidado poner la ruta en “Google maps”, para llegar al Aeropuerto Barajas, sabía que era la línea 8 (rosada), y estaba a una estación de donde vivía. Sin embargo, como estaba francamente demasiado ansiosa y anticipada en tiempo, me tome la valentía de caminar. Estaba a 15 minutos, o menos, caminar por las mañanas de primavera en Madrid es un gusto. Es cierto, no soy de caminar mucho, tengo el cuerpo de una persona que no hace nada por ejercitarse, excepto cuando estoy engordando excesivamente, pero este momento no era el caso. Había comido ensaladas desde hace dos semanas, para hacer el balance. Amo los dulces y para poder comerlos libremente y no sentirme culpable, trato de comer sano. Sin embargo, esta ciudad está sacando lo mejor de mí, haciéndome caminar hasta las estaciones de metro, cargar el coche de supermercado, correr para que el bus no se vaya. Todo lo que conocía y como lo veía estaba cambiando y para mejor. Estaba cumpliendo una oportunidad de la vida, ser remunerado por estudiar, es la ventaja que tenemos en nuestro pequeño istmo.

Desde pequeña mi abuela siempre nos pedía lo mejor de nosotros, nos decía las ventajas que teníamos de poder asistir a un colegio privado, y el hecho de no, esforzar el 100% de nuestro esfuerzo la hacía enojar. Hablo en plural, porque soy la hija menor de dos hermanos. De pequeños siempre íbamos a todos lados juntos, un tiempo hasta nos vestía a mi hermana mayor y a mi igual, aquellos trajes populares en Panamá y una flor más grande que tu cabeza. Nos molestaba hasta para jugar, puedo imaginar que nos pesaba para correr. Siendo la más chica de una familia de cinco; digo esto, porque mi abuela vivía con nosotros (1), mis dos padres (2) y mi hermana y yo (2), , hacía que me sintiera muy especial, es decir la mayoría solo tiene un padre o una madre, y en algunos casos ninguno, pero nosotros teníamos tres, mi abuela no era solo una abuela, era como tener una madre-abuela, nos inculco el amor por viajar. 

Entre al metro, leyendo todas las indicaciones para encontrar el “Andén” correcto de la ruta al aeropuerto, y me percato de que ni siquiera sé porque Terminal llegará. Se me ocurrió que mejor tomo la primera estación de aeropuerto: T1-2-3, creí yo haber salido en ella. Al mirar las pantallas de llegadas, veo que no. Camino a prisa, para consultar sobre la posible terminal de llegada de un avión de Ibera desde Panamá. La hora que indica mi reloj es exactamente la hora de aterrizaje, 9:20 a.m., intento ir más deprisa, según lo que el joven de verde me indica:  es en la Terminal cuatro, y para llegar puedo tomar el bus verde de afuera, es gratuito. Voy a toda máquina, y veo la fila, me uno a ella y a los minutos llega el bus verde, me subo y son los minutos más largos de toda mi vida. Al llegar a la estación, soy la primera en bajar, busco las pantallas a ver las llegadas al aeropuerto, y dice Panamá, me late el corazón fuerte y vuelvo a sentir ese hormigueo en el estómago. Cada que camino muy rápido, me siento diferente, bueno para explicar mejor esto, debo aclarar que, en Panamá, se viste ligero, ya que hace mucha humedad y en Madrid un poco más cubierto y es por el clima, me explicaron sobre vestirme en capas. Aquel día tan especial, llevaba una mini falta de jeans, clásicas de Estampa (en Panamá), apropiadas para cualquier salida del año, pero como hacia algo de frío me coloque unas medias negras por debajo. Estaba esperando que apareciera por las llegadas del carril 11 del Aeropuerto, sin que la pantalla indicara que estuviera desembarcando, me coloque entre los espectadores a esperar su llegada. Sin embargo, pasaron varios minutos y nada. Decidí sentarme, íbamos a hacer un viaje en tren a Barcelona y después a conocer todo lo que había investigado en las páginas web, sobre los diez lugares por conocer. Considerando ahorrar fuerzas, minutos después, decidí ir al baño; quería comprobar que seguía arreglada, estaba nerviosa porque me quería ver guapa para él y jamás me he sentido demasiado atractiva, es decir puede que sea bonita, quizás lo reconozco tengo una cara muy guapa, pero mi cuerpo esta falta de ejercicios.

Regrese a la barrera donde aparecen las llegadas de la Terminal 4, carril 11 y estaba más vacío. Por lo que, me coloqué en el centro y pensé, mejor me voy a sentar que dudo que esté cerca. Es decir, tengo más de 20 minutos, escribiendo por “whatsapp” con él y no me ha dicho que está por salir y marcar entrada a España. Mi cuerpo reacciono antes que mi cerebro encontrara un comportamiento razonable, lo vi, a él, mi novio. A aquel que muchos sin conocer le habían mandado saludos, fuera en serio, o en broma. Pero, lo que sentía por él, pensaba que era es lo más fuerte que había sentido en mi vida. Levante la mano, sin saber lo que hacía, y le tire la mejor sonrisa de mi vida. Él se percató, unos segundos después, camine a la vez que él, detrás de la barrera, hasta verlo de cerca y poder besarlo, lo extrañaba y muchísimo, nos abrazamos y mis ojos reflejaron lo que mi alma sentía; alegría, eran lágrimas de alivio.

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